Algunos amigos me preguntan si la Vuelta a Burgos es importante en el mundo del ciclismo. Mi respuesta afirmativa es inmediata como si defendiese uno de mis bienes más preciados o quisieran robarme uno de los cimientos que forjaron mi afición por el deporte. Después me toca desinflar el pecho y reconocer que la ronda antes sonaba con más fuerza. Como dice mi padre, los grandes corredores venían a Burgos a preparar la Vuelta a España. Gracias a esto, siendo niño, pude ver y admirar a ciclistas como Miguel Indurain, Pedro Delgado, Alex Zülle, Tony Rominguer , Abraham Olano o Lance Armstrong.
En 2005, la creación de los circuitos continentales UCI supusieron un duro golpe para la carrera, que quedó englobada en la categoría UCI Europe Tour, por debajo de la máxima categoría llamada UCI Pro Tour. Esto supuso la retirada de patrocinadores, televisiones y la ausencia de grandes figuras de los principales equipos. El palo fue tan duro que estuvo en el aire la celebración de posteriores ediciones.
Pero la grandeza de esta Vuelta no estaba solo en los grandes ciclistas. La presencia de estos año tras año había creado una afición fiel que no quería perder aquella tradición, no quería perderse la salida del primer día en la catedral y no quería dejar de animar en la ascensión a las Lagunas de Neila. Para el resto de la provincia, también suponía y supone un atractivo y una forma de promocionarse.
El caso es que los golpes si no te matan te hacen más fuerte, y la Vuelta a Burgos sigue verano tras verano presentando ciclismo de calidad para el buen aficionado y para que los niños en un futuro recuerden que en su infancia vieron a los mejores ciclistas, como me ocurrió a mí.
Sí que es cierto que este año entre Tour de Francia, Juegos Olímpicos y Vuelta a España, muchos equipos han decidido dejar a sus estrellas en casa, pero grandes nombres como Purito Rodríguez (ganador de la última edición), David Arroyo, Igor Antón, Robert Gesink, Rigoberto Urán (Subcampeón Olímpico)o Danilo Di Luca están en la lista definitiva.
Esto quiere decir que sigo teniendo mis razones para defender la importancia de esta carrera. Sé que siempre quedará esa cicatriz por el duro golpe sufrido, pero también sé que seguirá el espectáculo.