Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.
La lógica es un principio bastante subjetivo, muy dependiente de los ojos por los que se mire y siempre presto a estar bajo debate y discusión. Una virtud de actuación regida entre unos márgenes reconocibles que no deberían sorprender a quienes observan dicho hecho desde fuera, como meros espectadores y cuyas opiniones evalúan esos principios de comportamiento.
Quiero empezar el comentario reconociendo la dificultad en la labor del entrenador. Personaje secundario en la mayoría de ocasiones cuando las cosas van bien, pero foco de atención principal en el momento en el que la dinámica se tuerce. Difícil responsabilidad cuando realmente dentro de todo un club es la única cabeza que puede rodar si los objetivos no se cumplen.
Nos faltó el capitán. Pieza irremplazable haya pasado quien haya pasado por el banquillo; Ese jugador que combina la discreción con el sobresaliente y que resulta noticia cuando no da el nivel al que nos tiene muy frecuentemente acostumbrados. Hasta la fecha había acumulado la totalidad de minutos disputados, una barbaridad a nivel estadístico y ante el Real Oviedo se demostró que no es una casualidad.
Se había hablado mucho durante la semana de las posibilidades que se abrían ante la ausencia de Aitor, todas abogando por el menor cambio posible ante la mejoría en la solidez y el juego que había demostrado el equipo en las dos últimas jornadas, porque algo que aparentemente funciona, no hay necesidad de cambiarlo. Los experimentos, con gaseosa.
Terremoto en la alineación de un entrenador tarraconense que sorprendió a propios y extraños con la disposición de sus jugadores, echando por la borda todas las horas radiofónicas de la semana que intentaban vaticinar los pensamientos del míster burgalesista. Tres cambios en la línea defensiva y otros dos en el centro del campo que hacían dudar incluso del esquema utilizado en las charlas prepartido.
A su mérito reconocer que el plan estuvo a punto de salir bien. Presión muy alta que no permitía al conjunto carbayón enlazar con las figuras de su delantera y que a su vez escondía las carencias de una defensa burgalesa que se defendía voluntariosamente. Un gran Barés daba rigor a todos los ataques de un plan reforzado con el gol de un Borja Sánchez desaparecido desde el mes de noviembre y que seguro que provocó un incendio momentáneo en las oficinas del Tartiere.
Pero en la primera que tuvieron el castillo de naipes se desmoronó y las insuficiencias comenzaron a florecer. Florian se convirtió en un caramelo para un Alemao sabedor de la vía de agua que podía encontrar en ese perfil de la defensa. Demasiada diferencia de condiciones como para prever paridad en ese duelo.
Una defensa falta de contundencia en los momentos claves de partido y que provocó el contagio de nuestro portero, en el que volvieron a aflorar los fantasmas que ha mostrado en gran parte de la temporada. Acciones incomprensibles para un guardameta del fútbol profesional que nos volvieron a costar puntos, y al que ya es imposible blanquear ante errores tan groseros.
Pagamos el desorden, hasta tal punto que el equipo fue incapaz de encontrar una estructura como para hacer daño a los de Javi Calleja con un empujón en los últimos minutos que nunca llegó.
Un Oviedo que, sin demasiados méritos, se llevó los tres puntos de El Plantío simplemente aprovechándose de nuestros fallos, y eso nos vuelve a hacer dar un paso para atrás.